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Le insté a crear un haiku amoroso solo con la "i" y me ha salido con esto:
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PILI GIL
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Vi mi pipí.
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Sin fin, sin ti, sin bilis.
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Difícil sífilis.
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¿Hace falta que diga que está inscrito en el Registro de Propiedad Intelectualls?
PILI GIL
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Vi mi pipí.
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Sin fin, sin ti, sin bilis.
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Difícil sífilis.
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¿Hace falta que diga que está inscrito en el Registro de Propiedad Intelectualls?
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C'est tout.
Coge, calvo, los pelos
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Vasta extensión donde la frente empieza,
nulo objetivo para las diademas
es sol epigonal, brillar de gemas
el colmo cenital de la cabeza.
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Capilar desertazo de la testa,
censo minimalista del cabello
como luna sin sol, la piel sin bello
su pilar abandono manifiesta.
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Coge, calvo, los pelos, la melena.
Y no te rindas en la edad madura
si a cepillos y peines desmereces.
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A la risa, al escarnio y a la pena
del baño en el desagüe con soltura,
pelillos a la mar, dirás, a veces.
Y es que nunca he entendido esa preocupación de tantos hombres por el tema de la alopecia. A mí me pasó todo lo contrario: de adolescente vivía acomplejado por mi pelo débil y lacio que nunca sabía de qué lado peinar la raya. Pero cuando las cosas se empezaron definitivamente a aclarar, comencé a tomar confianza en mi mismo, y desde que la calvicie conquistó finalmente mi cabeza, soy un calvo feliz.
La calvicie solo tiene ventajas: te olvidas de peinarte, de secarte el pelo después de la ducha, los amigos te frotan la calva cuando están muy contentos, puedes ponerte todo tipo de sombreros sin parecer extravagante o pasado de moda, te da el aire de pensar mucho incluso aunque seas un zoquete, y eso por no hablar de cierta leyenda relacionada con la virilidad que se non è vera, è molto ben trovata :D
Hay noches, incluso, en que tengo la pesadilla de que me vuelve a crecer el pelo ¡y hay que ver qué mal rato! (esto debería hacérmelo mirar por un psicoanalista.)
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Pero bueno, toda estas importantes reflexiones me han venido a las mientes tras leer un soneto de rechupete
El calvo pide a su pelo que regrese
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Estoy solo. Me gusta estar solo. Solo, pero sabiendo que hay otros, que no estoy solo. Que he elegido un encierro pudiendo estar con ellos. Que luego estaré con ellos y reiremos y no habrá cambiado nada. Ellos me conocen. Hay una imagen de mí circulando por cada uno, extraviada entre conexiones de neuronas que traen recuerdos de la infancia o una lista de tareas o el nombre de un disco, cómo se llamaba, sí, ya lo recuerdo.
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Igual, dentro de mí circulan todas sus imágenes. Su pelo, sus aficiones, sus sonrisas. Sonrisas sin las que no valdría la pena memorizar el resto. Sonrisas de las que he elegido retirarme. Para estar solo. Para escribir. Para pensar.
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Para pensar que tiene que haber otros. Que si no, no podría amarme. Porque solo puedo amarme mediante el amor de los otros. Una flecha no puede clavarse en su punto de origen. No puedo disparar mi amor desde mí hasta mí, y dar en el blanco.
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Todo es deseo, porque del deseo venimos. Si lo abolimos, desaparece el sufrimiento. Pero también la vida. Buddha, Schopenhauer, cuántas noches no habréis pasado en vela meditando un cuerpo ajeno. Que no estabais seguros de que existiera. Pero que os provocaba una sonrisa.
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Solo deseo mediante el deseo de los otros. Lacan lo aclaró: “el deseo comienza en desear el deseo del otro”. Pero su esposa estaba ausente. Había perdido conexión. Porque el deseo no admite tanta teoría.
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Ese casi niño que ronda un cuerpo con la secreta esperanza de reproducirlo tan solo quiere reproducirse a sí. La belleza del otro es un pretexto. No quiere convencer a la muchacha, solo quiere convencerse a sí mismo. Para encajar en el aire. Misterioso, intuitivo, como una nota encaja en un concierto. Para morir discreto con la muerte los otros. Porque tiene que haber otros.
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No tengo ninguna prueba. Pero tiene que haber otros.
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Porque si no estoy solo. Pero no en esta habitación. No en esta casa, esta ciudad, este mundo. Estoy solo sin más, porque no hay espacio. Porque nada es posible sino mi soledad.
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Solo puedo matarme mediante los otros. Rompo en dos el folio que contenía una idea y me siento un poco quebrado. Pisoteo una hormiga y el cosmos pierde un poco. El cosmos que soy yo se debilita.
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Suprimo el archivo donde había demostrado lo contrario, que los otros no existen, que no existo yo, que solo nos pensamos unos a otros para establecer conexiones en el vacío. Conexiones, claro, vacías.
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Grabo este archivo que quiere decir que sí, que todo existe. Lo copio y lo pego en la nueva entrada del blog.
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Pulso ENTER.
MIENTRAS AGONIZO
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Imaginaba lo mismo, siempre imagino lo mismo: yo, mi cama del hospital y gente que desfila, familiares incógnitos, amigos sin teléfono, conocidos, panaderos, transeúntes. Todos dando muestras de cariño, cariño que nace tras mi enfermedad sin reparo, tras la conciencia de mis pocos meses de vida, qué digo meses, horas, semanas, siglos. Oh, mira qué libro, toma faulkner, que te acuerdes de mí cuando lo leas, la tele funciona con monedas, te voy a traer unos calcetines de colores. Me agradaría ver la sonrisa de personas con la que jamás intercambié un saludo, que tan solo me habitué a ver. Por qué le haría un hueco a sus caras descoloridas. Me agradaría verlos en su artificio, excesivo siempre, cordial, más o menos como nos encontramos todos al filo de la muerte.
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Me agradaría ver a mis familiares remotos celebrando mi consanguinidad, diciendo qué bien que sea familia nuestra, qué gran hombre va a dejarnos, qué pena tanto amor y no poder nada contra la muerte, no somos nadie, siempre los justos tienen que morirse antes, por qué dios mío. Me agradaría ver a los amigos que dejaron de serlo, en los que fue más fuerte el sofá vacío que nuestro lazo, en los que pesó más la carne irritada que el irritado espíritu; me dirían ¿recuerdas?, el mundo era medio nuestro, ja, que risas, qué tiempos aquellos, qué gracioso el tiempo que tardamos en abandonarnos, que te mejores y que sepas que te llevo en el corazón, o en las costillas, o en los tobillos, pero que te llevo, chaval. Me agradaría aún más la sonrisa de los enemigos, de los que nos odiaron contra todo pronóstico, los que nos profesaron odio a primera vista. Qué bello reunir mi risa de rencor con su risa de espanto, qué bello oír sus palabras, reconozco que al principio no me caíste bien, pero ahora que te vas a morir me empiezas a parecer simpático, soy malo pero no tanto como para agriarte tu final de vida, ja, ja, de todas formas si te incordio ahora no lo vas a recordar.
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Y así, se congregarían todos mis conocidos en mi habitación, charlando, conociéndose entre ellos, tomándose los números de teléfono, diciendo que qué cosas tiene la vida, si él no se fuera a morir no nos habríamos conocido, flechazos mientras agonizo, parejas que se forman, oh, te quiero tanto, desde el momento en que te vi, eres la mujer de mi vida, qué habría hecho sin ti, besos, lenguas recorriendo el cuarto, óvulos fecundándose, te querré siempre, estirpes naciendo de una esquina de mi habitación del sanatorio, la dos siete cuatro, acuérdate, también parejas rompiendo, hay que darse cuenta, no tienes corazón, búscate a otra que te soporte.
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Ciertamente sería hermoso, sería suciamente hermoso degustar las muestras oportunas de cariño de personas hacia las que no siento nada, que me importan tanto como un semáforo averiado o un lunes entre el hielo. Hermoso, desquiciadamente hermoso, lo más hermoso del mundo.
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Por desgracia, ahora me encuentro en mi cama, tumbado, solo, con una tenue música de fondo que se plantea callar, y gozando de un perfecto y terrible estado de salud.
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Cambiando de canal, me pide el amigo Ben Clark que enlace este vídeo en el blog, no sé con qué fin oscuro: