lunes, 7 de abril de 2008

no perderé la cabeza cuando pierda los pelos

SONETOS Y DESENFRENO CAPILAR
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Siglos después de la tentativa de Quevedo de denostar a los que no disponen de cabellera para cubrir sus ideas -en el momento en que su calvicie había asomado, que todo hay que decirlo-, vino la encantadora Ana Gorría con su soneto moral acerca del disfrute del vello de cada día, carpe paelusam.
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Veamos primero el quevedesco:
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Pelo fue aquí, en donde calavero;
calva no sólo limpia, sino hidalga;
háseme vuelto la cabeza nalga;
antes greguescos pide que sombrero.
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Si cual Calvino soy, fuese Lutero,
contra el fuego no hay cosa que me valga;
ni vejiga o melón que tanto salga
el mes de agosto puesta al resistero.
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Quiérenme convertir a cabelleras
los que en Madrid se rascan pelo ajeno,
repelando las otras calaveras.
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Guedeja réquiem siempre la condeno;
gasten caparazones sus molleras;
mi comezón resbale en calvatrueno.
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Luego hay otro sobre un calvo que sí que consiente en usar peluca, pero tampoco hay que abusar.
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Cuatro siglos después del genio de don Francisco nos viene Ana, menos mordaz pero más humanizadora, con su soneto moral, publicado originariamente en Salamandria (maravillosa revista desaparecida de los "gavieros" almerienses, que dedicaba sus números al pelo, al mediterráneo, al círculo, etc.). Aquí va, con su permiso:
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Coge, calvo, los pelos
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Vasta extensión donde la frente empieza,
nulo objetivo para las diademas
es sol epigonal, brillar de gemas
el colmo cenital de la cabeza.
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Capilar desertazo de la testa,
censo minimalista del cabello
como luna sin sol, la piel sin bello
su pilar abandono manifiesta.
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Coge, calvo, los pelos, la melena.
Y no te rindas en la edad madura
si a cepillos y peines desmereces.
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A la risa, al escarnio y a la pena
del baño en el desagüe con soltura,
pelillos a la mar, dirás, a veces.

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Y claro, al ver tanta calvicie al descubierto, uno, que tiene complejo de todo (incluso de taxidermista y de ucraniano, que son complejos complejos) salvo de eso, y que viene corriendo de una vergonzosa vida anterior como sonetista (de la que ya no quedan, afortunadamente, sino unos pocos sonetos), se lanzó también al abordaje del recurrente tema:
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EL PORQUÉ DE QUE HAYA TANTO DICTADOR CALVO
(réplica a Ana Gorría)

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Lo discutían en la antigua Grecia:
si la calvicie y la sabiduría
se pueden separar. No se podía.
Para filosofar es la alopecia
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la mejor herramienta. Si se precia,
el sabio ha de arrancarle cada día,
después de desoír a Ana Gorría,
un buen mechón a su pelambre recia.
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Y una vez despelado, convenir
con el mundo si quiere que lo reine
(mejor le cabe la corona al calvo).
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“Os aseguro un grato porvenir.
Os habla el Hablador-Señor-del-Peine,
sin un pelo de tonto. Estáis a salvo.”

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Y gracias también a esta pesquisa sonetil sobre el asunto, he tenido el gusto de conocer (virtualmente, eso sí) a Carlos Martínez Aguirre, Diego Román y Antonio Azuaga. Aquí van sus textos:
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Y es que nunca he entendido esa preocupación de tantos hombres por el tema de la alopecia. A mí me pasó todo lo contrario: de adolescente vivía acomplejado por mi pelo débil y lacio que nunca sabía de qué lado peinar la raya. Pero cuando las cosas se empezaron definitivamente a aclarar, comencé a tomar confianza en mi mismo, y desde que la calvicie conquistó finalmente mi cabeza, soy un calvo feliz.
La calvicie solo tiene ventajas: te olvidas de peinarte, de secarte el pelo después de la ducha, los amigos te frotan la calva cuando están muy contentos, puedes ponerte todo tipo de sombreros sin parecer extravagante o pasado de moda, te da el aire de pensar mucho incluso aunque seas un zoquete, y eso por no hablar de cierta leyenda relacionada con la virilidad que se non è vera, è molto ben trovata :D
Hay noches, incluso, en que tengo la pesadilla de que me vuelve a crecer el pelo ¡y hay que ver qué mal rato! (esto debería hacérmelo mirar por un psicoanalista.)
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Pero bueno, toda estas importantes reflexiones me han venido a las mientes tras leer un soneto de rechupete

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Carlos Martínez Aguirre

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El calvo pide a su pelo que regrese
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A doña Ana, don David y don Carlos.
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Amor, froto con saña y quiero verte,
y en vano espero tu raíz maldita
y pienso, con ungüentos y cremita,
que si vivo sin ti quiero la muerte.
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Mi aire no es casual. Mi frente inerte
no conoce tu sombra, y no la evita,
pues mi calva total hoy necesita
la anónima paz que el flequillo vierte.
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Pero yo te perdí. Te unté gomina,
laca y espuma sobre tu espesura
en duelo del mechón que remolina.
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Puebla pues con cabellos mi llanura,
y muérase de envidia mi vecina
al ver que es su marido calva pura.
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Diego Román Martínez
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La calvicie y los hijos del 68
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“…en vano espero tu raíz maldita”
Diego Román
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¡Bendito sea Dios! Yo que pensaba,
hijo al fin de ese afán “pelimaniaco”
de que mi juventud sacó su saco
con mil mediterráneos que inventaba.
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Yo que, digo, de aquello me sacaba
la frágil conclusión, el sueño flaco
de que pelo tan sólo en el sobaco
era ser un burgués de mala baba,
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acabé por creer que el hombre hermoso,
como el oso, a más pelo a más alcanza.
¡Y hoy es cráneo de Yorick mi esperanza!
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Heme, pues, melancólico y añoso,
mirando en el lavabo cada día
como mina la edad mi rebeldía.
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Antonio Azuaga

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El juego seguirá: nunca termina nada: el juego seguirá: dentro de todos los objetos hay una muñeca rusa: incluso de la última muñeca rusa.
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polvo serán, mas polvo enamorado
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Supose a rose is a rose is a rose is a rose...

7 comentarios:

ana dijo...

jajajaja

Anónimo dijo...

Muy divertida esta entrada. Aunque yo tenga poco pelo, es muy divertida.
Y está muy bien la cita de Ezra Pound al final. Hay que ponerse Poundianos de vez en cuando.

Salud,

Antonio B

Carreraequivocada dijo...

Y yo que pensé que te gustaría ser ucraniano... te lo he preguntado tantas veces! (aunque tú ya de esas cosas no quieres acordarte).

k

Francisco José Najarro Lanchazo dijo...

Jajajajajajaja, me he reído muchísimo, incluso me han entrado ganas de quedarme calvo.

PD: Con lo que tú has querido a los sonetos...

Democos dijo...

El conocimiento, don David, tenía que ser virtual por aquello de la distancia. Me alegra ver que cada cual lo va colgando en su casita como si fuera el calendario que regalan en mi peluquería por Navidad (lo confieso, Conchi, cada vez que me das el dichoso calendario se lo llevo a mi abuela, que tiene una decoración que lo realza más). Un placer leer al hermano postizo de doña Ana.

ana dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Estupor dijo...

¡Qué hermosos los sonetos aunque hablen de calvos!